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MONICA SUSANA BORELLO
C.A.B.A. - ARGENTINA
Escribo gracias a Andrea, persona que valoro mi forma de pensar y hablar. Una tarde de lluvia como hoy, en la que llegue empapada a una consulta medica me dijo: "Tenes la educacion y la diccion para contar cuentos infantiles".
Nunca se borro de mi mente eso que escuche y luego fue el motor para lo que hoy publico. Gracias a Andrea y Gracias al que hoy lea mi cuento. MONISU
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Últimos comentarios de este Blog

15/12/14 | 17:31: Gustavo dice:
Me encantó la fabula con una moraleja importante, muy lindo mensaje. Felicitaciones
10/11/14 | 18:44: Catalina (blog otoño) dice:
Te felicito por ser una nueva integrante de éstas páginas, que en mi caso, me colmó de satisfacciones. Me gustó tu cuento , seguí publicando. EXITOS, un afectuoso saludo.
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Señales en el cielo 


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MONISU





El Deseo de Juan



 

 

En un pueblito llamado “Las Margaritas”, vivía un granjero llamado Juan, junto a su esposa y sus hijos.

Tenían una casita muy humilde, pero llena de amor y respeto.

La cosecha anterior no había sido buena y no había podido comprarles todo los útiles escolares que sus  niños necesitaban, tampoco arreglar su casa.

El siempre sembraba maíz, pero si deseaba cumplir con su deseo, tendría que plantar algo más.

Una noche, durante el frío invierno que tenían

en el campo,  preparó una rica tasa de té y se sentó frente a su estufa de leños.

Esas maderas, hacían chispitas y más chispitas, era como si mirara las estrellas que titilaban en el cielo. Se puso a pensar, como mejorar su trabajo y así poder tener más dinero.

Llego el tiempo de plantar el maíz y las nuevas semillas.

Una mañana, Juan, subió a su viejo tractor, que era de color rojo.

Mientras andaba la máquina, echaba nubes y más nubes de humo y con su ruido, siempre despertaba a  los vecinos, de las casas mas cercanas.

Recorrió todo su campo.

Iba y venía, una y otra vez.

Abrió surcos, derechitos, muy derechitos, como si fueran las vías que recorre un tren.

Al día siguiente, repartió todas las semillas y puso los espantapájaros.

Esos muñecos de paja cuidarían las plantas y los pajaritos, muy pícaros, no picotearían luego los frutos.

Con riego y cuidado, crecerían: sabrosos choclos, jugosas sandias y unos zapallos muy gordos.

Cuando llegó el tiempo de la esperada cosecha, trabajó toda su familia por largas horas.

Cargaron,  todo en grandes carretas, hasta que el campo quedó totalmente limpio.

Todos fueron guardados en el granero, para que el calor y las lluvias del verano, no hicieran de las suyas.

Durante mucho tiempo y cada noche, el granero, cobraba vida. Todo era risa, música y baile.

Los choclos, únicos habitantes de ese lugar,  tenían formada una orquesta.

Los que tenían los mejores granitos, tocaban el piano.

Los más flaquitos, tocaban la flauta.

Los más gorditos, eran bombos.

Las horquillas, guitarras con cuerdas muy brillantes.

Las palas eran los platillos.

La paja, que cubría el piso, eran tiras interminables de serpentinas.

Las luciérnagas, las luces  iluminaban todo el lugar.

El tractor, al término de cada melodía, echaba una linda nube de humo.

                                                                                                                                      1

El pobre era tan grande y tan viejito, que no se animaba a ejecutar ningún instrumento.

Durante noches enteras,  ese lugar, fue el mejor salón de fiestas y baile. Hasta que salía el primer rayo de sol y todos volvían a su sitio.

El día en que terminó la cosecha, la orquesta descansó.

Los choclitos dormían uno al lado del otro. Las herramientas estaban en su lugar, las luciérnagas, apagaron sus lamparitas, todo era silencio.  

Pero una sandía, la nueva habitante,  que resultó muy rebelde, se levantó y comenzó a sacudir las pajas que la cubrían.

Desde su lugar, despertó a todo el mundo diciendo:

¡ Soy de color verde brillante por fuera, muy roja por dentro, jugosa y dulce como ninguna. No hay nadie como yo!

Todos los demás dormían, con la esperanza de cumplir el sueño de Juan, de poder darles a sus hijos un mejor bienestar.

También, llegar a algún hogar y deleitar a alguna familia.

Un zapallo, muy acurrucadito, en un rincón,

Escucho todos esos gritos.

Se despertó muy asustado, estaba acostumbrado a la tranquilidad y el silencio  del campo.

Con su carita de sueño, ¿ que vio a lo lejos?

Algo grande y muy panzón que no paraba de saltar, hablar, y gritar, todo junto a la vez.

Se dio cuenta, que por la voz chillona, ésta  señorita estaba muy enojada.

Se quedo muy quieto, tratando de volver a dormir, los gritos eran cada vez más fuertes. Respiró, pensó, pensó y le contesto:

“ Yo tengo un hermoso color naranja,  igual a la puesta de sol, de una tarde de verano. Soy tan lindo, como lo es Ud. “

Se que puedo ser usado en una rica sopa, en un sabroso pastel, en el dulce favorito de alguien y también como un un rico postre”.

Ella desde su lugar, siguió con  sus gritos, sin parar y sin ninguna respuesta más.

Pasaron muchos días y  volvió a reinar el silencio.

Llegó el tiempo de enviarlos a ese gran mercado, adonde cada verdulero, compraría la mercadería para su negocio.

Todos fueron nuevamente puestos en las carretas y cargados en un camión.

Luego, serian transportados, muy juntitos y apilados.

Juan partió también con ellos y también su esperanza.

Después de unas horas de viaje, el cual sería muy largo, lograron encontrarse.

Primero se miraron,  se fueron enojando uno con el otro y a cada kilómetro que recorrían y en cada parada, la furia crecía.

En una frenada brusca, el zapallo, pegó un salto tremendo,  sobre su enemiga: la sandia.

Pero después se dieron cuenta, que con ellos, el granjero, podía cumplir su sueño de darles a sus hijos lo mejor y dieron por terminada esa pelea inútil.

 

 

 

                                                                                                                                      2

Juan entrego, la mercadería y luego pasó a cobrar, por toda su venta.

Oh!! Sorpresa, el dueño del gran mercado, le dijo:

“ Hace mucho tiempo que no veo, tan lindos choclos,  hermosas sandias y zapallos tan bonitos y grandes, esta vez voy a pagarte más dinero por tu cosecha”.

Para el todo era alegría, podría tener un invierno muy tranquilo.

Partió a su casa, el viaje de regreso, parecía no terminar más.

Cuando llegó al pueblo, se detuvo a comprar golosinas para sus hijos y un hermoso ramo de flores para su esposa.

Ahora tendría que esperar hasta la próxima cosecha y que fuera como la que había vendido.

Pudo arreglar el techo de su vieja casa, comprar ropa y zapatos nuevos para  toda la familia.

Al comienzo de clase, les regalo a sus niños útiles escolares hermosos y así los hizo muy felices.

Se había cumplido su deseo y renovó sus esperanzas para el próximo año.

 

 

MONISU.

 

 

 

 

 

 

 

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